La crisis ambiental debería unirnos, pero cada vez más se convierte en un eje de división ideológica. ¿Qué hay detrás de esta polarización en torno al ambientalismo?
Cuando el medio ambiente se vuelve político
En un mundo donde la posverdad, el odio identitario y la fragmentación ideológica moldean la opinión pública, el cuidado del medio ambiente —una causa que debería ser transversal— se ha convertido en motivo de discordia.
A pesar de que la ciencia es clara y los impactos del cambio climático son evidentes, seguimos ignorando el conocimiento técnico y científico, movidos por marcos ideológicos cerrados que nos impiden ver más allá de nuestras afinidades políticas.
Ambientalismo e identidad: una mezcla explosiva
Parte del problema radica en cómo nuestra posición ambiental se ha convertido en una extensión de nuestra identidad política. En América Latina, donde el caudillismo aún marca la cultura política, solemos seguir a líderes más que a ideas, y desde ahí interpretamos todo lo que ocurre, incluso las decisiones ambientales.
Este fenómeno se refleja en frases como:
- “Todo lo que venga del petrismo es improvisado.”
- “Todos los uribistas son clasistas y antiambientales.”
El ambientalismo se vuelve entonces parte del mismo juego, reforzando estereotipos, prejuicios y cerrando las posibilidades de diálogo. En lugar de analizar propuestas, respondemos desde la emoción o la lealtad ideológica.
Disonancia cognitiva y barreras para el consenso
La mayoría de las personas tiene opiniones formadas sobre cómo debe relacionarse el sistema económico con el medio ambiente, aunque su conocimiento técnico sea limitado. Esta mezcla de intuición emocional, ideología e identidad bloquea la posibilidad de construir consensos reales y tomar decisiones colectivas eficaces.
El resultado es un diálogo social empobrecido, donde las posiciones se vuelven rígidas y defensivas.
¿Cómo salir del ciclo de polarización?
Si entendemos que los imaginarios políticos sobre el ambiente son parte de nuestra identidad, también podemos comenzar a desarmarlos. Para ello necesitamos:
Deconstrucción del ego ideológico: abandonar la necesidad de tener siempre la razón para abrirnos al diálogo.
Metaconciencia: cuestionar los orígenes de nuestras ideas.
Integración emocional y espiritual: reconocer que nuestra forma de ver el mundo está mediada por la experiencia y el ego.
De la división a la transformación
Miles de movimientos sociales coinciden en que estamos en un cambio de paradigma. Pero más allá del romanticismo sobre la “nueva humanidad”, debemos preguntarnos:
¿Qué prácticas, estructuras y tecnologías sociales nos están alejando del verdadero cambio?
Las redes sociales nos aíslan en burbujas ideológicas; la cultura de competencia limita nuestra empatía; el autoconocimiento sigue siendo escaso.
El ambientalismo no puede escapar de estos desafíos. Si queremos que sea realmente transformador, necesitamos salir de la trinchera ideológica y construir espacios de colaboración.
